Segui besandola, me era imposible separarme de ella, su calidez y su pureza me tenian loco. Aun así en la parte mas profunda de mi mente algo me detenia de avanzar más, era una sensación extraña, de que no debia seguir, no si ella no lo deseaba. Por lo que, cuando sentí sus brazos abrazar mi cuello, atrayendome, supe que ya nada podría detenerme. Pronto una vez comenzó a susurrar en mi oído
-¡Gracias, Sey-chan! Gracias por amarme, tanto o mas que yo lo hago; pero creo que no seria correcto todo esto los sacerdotes me hablaron de lo que paso hace siglos con aquella pareja de dragones, un príncipe y su guardiana, tu sabes que lo nuestro no puede ser.
Sus palabras me dieron una punzada en el corazón, yo conocía esa historia, los sacerdotes en el palacio nos la habían repetido hasta el cansancio, pero yo no podia entender que habia de malo en amar a mi mejor amiga. Ella siempre habia estado a mi lado, siempre...
Ambos nacimos al mismo tiempo, y desde ese día siempre habiamos vivido todo juntos, el deber de un guardian es convertirse en uno con su protegido, llegar a entenderlo para asi protegerlo. Por eso Yumi siempre habia formado parte de mi vida.
En un principio era solo una amiga, pero con el tiempo y la comprensión llegue a verla como mi mejor amiga, mi confidente, la persona mas importante de mi vida... y el tenerla ahi, bajo mio, con el rostro sonrojado, la respiración entrecortada y esa mirada entre asustada y esperanzada, me hacían mandar todo tabu al carajo.
-Yo ya no puedo... ya no puedo vivir sin ti...- le dije, mirandola fijamente, mientras rogaba que entendiera todo lo que estaba sientiendo.
-Sey-chan!- me respondio ella y casi de inmediato me besó, yo le respondi, fundiendome en las emociones que me provocaba, que me hacia sentir, que deseaba brindarle, por lo que pronto msi labios abandonaron los suyos para segui un camino invisible por su cuello y ella se dejo hacer, mientras pequeños suspiros escapaban de sus labios entreabiertos, y luego una simple frase.
-Sey-chan, hazme tuya- mi piel se torno algo sonrosada, pero no me detuve, al contrario, escucharla decir eso me dio el último empujon que necesitaba.
Sin dejar de besar su piel la acomode sobre las almohadas de la cama, acariciando su cuello y bajando lentamente, sin pausa, deleitandome con su aroma, con el palpitar de su corazón cada vez mas descontrolado.
-Yumi...- le susurré mientras le besaba la frente y sus mejillas y al último sus labios, dulces, tiernos...
Ella por su parte se aferraba a mi espalda, mientras se dejaba amar, mientras susurraba palabras de amor perdidas entre suspiros.
Me separe un poco y con mis manos comence a bajar por sus hombros, llevandome con ellas la prendas que Yumi aun llevaba puestas, una por una, hasta que su mis ojos recibieron la visón casi eterea de su blanca piel, pura, sin mancha alguna... al menos eso pensé antes de descubrir varias cicatrices, leves, casi imperceptibles, pero estaban ahi.
Ella se sonrojo y trato de explicar, pero yo no la deje, baje de nuevo y la bese, no necesitaba saberlo, al menos no en ese momento, ese momento era solo nuestro. Ya podia imaginarme el origen de dichas marcas, pero no queria que ella pensara en ello, ni yo mismo deseaba hacerlo, no cuando Yumi, mi Yumi, estaba ahi, frente a mi, ofreciendome su corazón.
Mis labios comenzaron a bajar lentamente, besando, mordiendo, lamiendo cada tramo de Yumi, hasta que me encontre frente a su pecho, lucia hermoso, terso, firme... el pezón estaba ergido, una visión que me invitaba, que me incitaba...
Con cuidado, algo temeroso, acerque mis labios y bese el seno derecho, era una sensación indescriptible, más cuando un audible gemido surgio de los labios de Yumi, excitandome mas. Mi lengua pronto sustituyo mis labios, lamiendo y luego succionando.
Mientras mi mano izquierda comenzó a acariciar el otro seno, la derecha sigui bajando por su costado, brindandole caricias fantasmas, suaves, pero sin tocar demasiado, solo con las llemas de mis dedos. Ella siguio gimiendo levemente y una de sus manos se posó sobre mi cabeza, acariciandome el cabello. La otra se aferraba a las sabanas, como si en ellas encontrara aun alguna forma de cordura.
Mi mano dejo de acariciar su pecho y bajo hasta su diestra, arrancandola de las sabanas, entrelazando los dedos en una comunión tácita, en una acuerdo sin palabras. Mi boca siguio bajando por su estomago hasta su viente, donde otra visión casi mágica se presento ante mis ojos...
Yumi trato de decir algo, pero mi mano izquierda pronto se lo impidio, cuando con suavidad llegó hasta sus piernas y con movimiento firme, pero tierno las separó, permitiendome ver la zona más pura de Yumi.
Su sonrojo era palpable, pero el mio no estaba muy lejos del suyo, yo jamas habia, bueno, jamas habia hecho algo asi, y aunque me alegraba que Yumi fuera la primera y la única, tambien me daba algo de temor lastimarla. Yo sabia que Yumi era fuerte, pero eso no me impedia sentirme asi, tan inexperto, tan indefenso...
Pero algo superior a mi guiaba mis acciones y pronto deje el puror atras y lleve mis labios hasta su entrepierna, lamiendo... La mano que Yumi tenia entrelazada con la mia apretó sus dedos y un fuerte gemido se escucho por toda la habitación...









