Juntos nos sentamos a comer y no sabía que sentir.... Yumi me había traído el desayuno y algo cálido creció en mi cuando la vi junto a la puerta, con la bandeja en sus blancas manos, tan dulce y tiernas.... era la Yumi que siempre imaginé.Pronto comenzamos a comer, pero por mas que intentara no podía separar mi vista de ella, completamente embobado, solo verla ahí, su cabello enmarcando su dulce rostro, toda ella mística y pura, que el comer estaba fuera completamente de contexto, mi espíritu se alimentaba se su imagen y con eso me bastaba para estar satisfecho...
-Sey-chan estas bien??? - escuche una voz casi a lo lejos que me hizo despertar de mi ensueño, me sonroje un poco, sintiéndome como un bobo... ella sonrió un poco justo antes que una ráfaga de viento entrara por la ventana y como un espíritu juguetón decidiera hacer de las suyas con las prendas.
Sin querer mi sonrojo se intensificó más al ver la nívea piel de sus piernas y algo más arriba expuesta ante mis ojos... cierto era que le había visto como el creador la trajo al mundo justo la noche anterior, pero esta nueva visión, enmarcada por sus blancas prendas y el dulce sonido de las aves fuera de la ventana era casi irreal.
-Sey...yo... lo siento... yo... - comenzó ella, pero yo la detuve levantandome un poco y cerrando mis labios sobre los suyos, en un beso casto, dulce, en el que intentaba darle todo cuanto sentía, cuanto ella provocaba en mi con su simple presencia.
Al separarnos ambos estábamos rojos, pero una sonrisa afloró en nuestros rostros, mano se posó en su mejilla y la bese, esta vez su nariz y me senté de nuevo.
-No tienes que disculparte - le dije aun con mi mano en su mejilla - te amo... nada debe importar o hacerte sentir incomoda frente a mi - le dije de nuevo, y vi como sus ojos se llenaban de lágrimas, pero no sabía si eran de felicidad o no.
No era tonto después de todo, sabia todo lo que implicaba estar juntos, sabía que había desobedecido las ordenes de mis superiores...
Pero el estar con Yumi era lo mejor de mi vida, no podía haber nada malo en seguir tu corazón, muy a pesar de que los sacerdotes cientos de veces me dijeron que debía llegar puro al matrimonio.
Esto era algo que ni Yumi sabía, porque no era cosa de ella, esto era solo sabido por el heredero al trono. Era normal creer que como príncipe podía tener cuanto deseara, pero no era así.
Acaricie de nuevo la mejilla humeda de Yumi, tratando de alejar esos pensamientos tristes y concentrarme en ella... y en lo que pasaría de ahora en delante.
Ahora que conocía el amor de Yumi, que había tocado su tersa piel, que hbía sido mia, no había forma de que pudiera dejarla ir...
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