Ya habian pasado varias horas desde que Sey dejara el pueblo, de nuevo no había ninguna clase de rastro sobre su hermano, por lo que iba algo decepcionado, sin duda cada días que pasaba sus esperanzas se hacían más pequeñas, aun quedaba mucho mundo por ver, además, nada le garantizaba que Suzaku no se estuviera moviendo, e incluso era posible que estuviera en un lugar que ya hubiera visitado antes. La verdad era que no queria pensar en eso, no le gustaba que sus pensamientos se volvieran pesimistas, pero era dificil para el buscar, no tenía muchos datos, salvo que el cabello de Suzaku era rojo, como el de su madre, salvo eso no habia mucho más. Era obvio que tendria su misma edad, pero Sey no sabía que clase de vida había llevado, por lo que no podía saber si era alto, delgado, pequeño, rechoncho, o demás.
Continuo su viaje por una colina bordeada a lo lejos por un riachuelo, el sol era ocultado por varias nubes esponjosas, blancas como la nieve de su hogar. Languidas y perezosas, pero bellas sin lugar a dudas.
Sey sintio sueño, no había dormido mucho esa noche, ni la noche antes de esa, por lo que su cuerpo le pedía descanso a gritos.
"Es cansado viajar así" pensó "Pero si me convirtiera en dragón, es posible que alguien me reconozca, así, como humano, nadie puede decir si soy un dragón imperial o no. Como humano lo único que me hace ver como dragón de hielo es mi cabellera, pero hay cientos de viajeros de mi reino en otros reinos, por lo que para la gente, no soy más que un viajero"
Sey había descubierto que así era, a la familia real rara vez se le permitia dejar el reino, pero a la gente común, le era permitido viajar por doquier, por lo que no era raro encontrarse con dragones de todos los reinos, los de cabellos rojizos y naranjas pertenecian al reino de los volcanes, los de cabellos verdes y amarillos eran de los cielos, los de cabello cafe y negro pertenecian a las praderas.
Por lo que era muy común ver toda clase de colores de cabello en los distintos reinos. Sey mismo lo había visto en su reino, y aunque a la familia real solo la atendían personas de su reino, al haber escapado y vagado por los pueblos de su reino, pude ver a decenas de diferentes dragones.
Sey no pudo evitar un bostezo largo y cansino que escapó de sus labios, mientras se tallaba los ojos, visiblemente cansados, por lo que decidio tomar una siesta.
Así que bajo hasta el riachuelo y se quitó su capa y la guardó en su bolsa, luego entró al agua, caminando por la superficie, luego se recostó en ella, puso su bolsa sobre su estomago y se tapó el rostro con su sombrero de paja y se dejo llevar, flotando por el riachuelo, siendo arrullado por las lentas y cristalinas aguas, sin pensar en nada más que en descansar, no sabía que le deparaba el futuro, pero seguro y no esperaba lo que sucedería más tarde, cuando despertara en un lago...
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